

## De la fundación a los estudios universitarios
Edwin David Chávez Romero llegó a la Fundación Cigarra siendo un niño con talento innato para la música. Nadie imaginaba entonces que ese pequeño que aprendía a tocar el piano en Ciudad Bolívar terminaría convirtiéndose en estudiante universitario de música y en un referente para toda una generación de niños de la fundación.
Su historia comenzó como la de muchos: con curiosidad, con ganas de aprender y con la suerte de encontrar un espacio donde eso era posible. La Fundación Cigarra le abrió las puertas al mundo de la música clásica y popular, y Edwin respondió con dedicación y talento.
## El piano como puerta al mundo
Año tras año, Edwin fue creciendo junto a la fundación. Aprendió solfeo, teoría musical y técnica pianística. Participó en presentaciones, conciertos y eventos que le permitieron entender que la música no era solo un hobby, sino una vocación.
Cuando llegó el momento de pensar en la universidad, la decisión fue clara: estudiaría música. Hoy cursa su carrera en la Universidad Minuto de Dios (Uniminuto), donde combina su formación académica con su labor como voluntario en la misma fundación que lo formó a él.
## Volver para dar
Esa es quizás la parte más hermosa de la historia de Edwin: decidió regresar. No como estudiante, sino como voluntario, para compartir con los niños de hoy lo que él recibió de niño.
"Cuando enseño a un niño a tocar el piano, no solo le estoy enseñando música. Le estoy mostrando que hay un camino, que hay posibilidades, que este barrio no es un límite", dice Edwin.
Su historia es la prueba viva de que lo que hace la Fundación Cigarra funciona. Que invertir en la educación artística de los niños de Ciudad Bolívar no es un gasto, sino una siembra cuyos frutos se ven generación tras generación.
## Un sueño que sigue creciendo
Edwin representa a decenas de jóvenes que han pasado por la fundación y que hoy son profesionales, artistas, educadores y líderes comunitarios. Su historia nos recuerda por qué seguimos aquí, por qué cada donación importa, y por qué cada niño que entra por nuestra puerta lleva consigo un sueño que merece ser apoyado.